Volando hacia el sur
Blogs de Astronomía para aficionados ciudadanos. Tambien llevará otros artículos, aunque todos relacionados con el mismo tema.






Cuando estas noches de Otoño al filo de la madrugada el astrónomo urbanita se asome a su azotea, mucho antes de ver el cielo sabe con que se va a encontrar. Octubre es un mes que le reserva una especie de batiburrillo de objetos variados, como si de un “todo a cien” se tratara. En el cenit, las constelaciones propias de la estación otoñal dibujan sus figuras sobre el cielo azul marino desvaído de su polucionada ciudad. El alado Pegaso sobre cuyo lomo cual lady Godiva, Andrómeda muestra todos sus secretos, ocupa el centro de la escena rodeado por Casiopea, Perseo, El Triángulo, Aries, Drago y las Osas al Norte; Auriga, el Toro, y un naciente Orión perseguido por Los Gemelos por el Este, y al Oeste y Sur las constelaciones del verano que prácticamente se ponen a esa hora, y se despiden hasta el año que viene.
Los días, como decían nuestras abuelas, decrecen “la patita de una gallina”, que poco a poco se suma a la noche que cada vez es mas larga. En la ciudad, el conocedor sabe apreciar estos momentos, y es por varias causas, entre otras la largura de las sombras nocturnas, y la estabilidad del ambiente. Téngase en cuenta que prácticamente los aparatos de aire acondicionado apenas si funcionan, y las calefacciones casi nada, por tanto la turbulencia ciudadana es mínima. Si a eso añadimos que las temperaturas son bastante suaves, la observación urbana está totalmente garantizada. Sólo una cosa debería poder solucionarse, y seguramente se solucionará con el tiempo: que la luz que desperdiciamos y tiramos a la atmósfera desde nuestras muy bien alumbradas ciudades, y que tanto dinero nos cuesta a todos, pudiera ser reconducida y bien empleada, cual manantial de agua vivificadora para nuestra afición. Todo se andará y seguramente algún día no muy lejano las autoridades responsables harán unas leyes capaces para ello.
Mientras tanto, y aprovechando que comienza un nuevo curso despues de las merecidas vacaciones, podremos aprovechar las noches que nos depara este otoño cuasi primaveral haciendo fotos como la que antecede, la de la estrella doble Almach, ya que para ello aún no hay cintaminación luminica que los impida. A Dios gracias.





Para medir las distancias terrestres, nos valemos de distintos métodos y artilugios; empleamos bases de medidas ya depuradas con su mismo uso que nos son, además de familiares, útiles en su contexto: el metro y el kilómetro son las mas usuales entre los europeos, así como la yarda, el pie y la milla lo son entre los anglosajones y la mayoría de las comunidades de Oriente. Este pensamiento sobre las medidas parece que no tiene que ver nada en esta sección de Astronomía Urbana; pero muy al contrario, tiene que ver y mucho. En el ultimo (y primer) congreso de PRO-AM, encuentro entre astrónomos profesionales y aficionados celebrado en Córdoba en Noviembre del pasado año, además de que muchos de los lectores de la Revista AstronomíaA pudo “ponerme cara”, no solo a mí sino a otras personas que en ella escriben como Francisco Rica, Rafael Benavides, Jordi Lopesino, Sensi Pastor, Ángel Gómez, nuestro redactor jefe, y muchos otros, a mí personalmente me valió para volver a ver a amigos y conocidos de otros encuentros. Y de entre ellos quiero en estas líneas tener un recuerdo y admiración para el señor Pere Closas, de aquí las medidas del principio, con el que tuve el placer de compartir congreso, cena y explicación de la medida del radio de la tierra que llevó a cabo en los actos de conmemoración del IYA 2009 en mas de 800 centros escolares repartidos por toda la geografía española, y que fue todo un éxito. Enhorabuena. Personas como Pere, que ayuden a la divulgación de la Astronomía “en persona” son muy necesarias en este nuevo cibermundo virtual en que algunas veces nos olvidamos incluso de que habitamos un pequeño planeta azul llamado Tierra que gira alrededor de una diminuta estrella de La Vía Láctea, y que precisamente no es el centro de la misma.















Tiene Septiembre en su aire, un no se qué de Primavera que con su aliento fresco reaviva las agostadas plantas del verano. Las noches van refrescando poco a poco, y en nuestras latitudes esto es de agradecer, ya que han sido muchas en las que el insomnio se ha apoderado de nosotros, y nos ha robado el sueño benefactor. Porque los astrónomos aficionados también dormimos. De vez en cuando.
Si a finales de Agosto y primeros de Septiembre miramos el cielo nocturno a la hora de la media noche, notamos que el firmamento no es ya como hace un mes. Vega no ocupa el cenit en compañía de Deneb. Y Arcturus, casi, casi, esta en el Oeste a punto de esconderse. Igualmente Escorpio y Sagitario ya inician su retirada hasta el próximo estío. Si miramos hacia el Este, veremos una constelación grande en forma de cuadro, desde cuyo vértice superior izquierdo sale un brazo formado por cuatro estrellas brillantes, y otro más arriba, un poco más débil. El cuadro es el alado Pegaso, y el brazo brillante es la constelación de Andrómeda. Es la inequívoca señal de que el verano astronómico está tocando a su fin. Otoño se adueña de la escena y se dispone a mostrarnos sus incalculables tesoros. Que también los tiene.
El tiempo invita a observar. La Luna en pleno novilunio, hace que la noche sea mas oscura que de costumbre. Las luminarias de los monumentos públicos han dejado de lucir. Son la doce la noche. La hora bruja. El astrónomo de ciudad, sentado en su catrecillo, contempla el cielo de otoño mientras junto a él se aclimata su querido compañero de observaciones. De pronto, una Perseída rezagada, naciendo en el cenit cerca del Doble Cúmulo, tiñe de azul celeste el cielo con un brillo fugaz. Han empezado a caer las azuladas hojas del Otoño.



http://www.mars.dti.ne.jp/~cmo/oaa_mars.html
1) Omicron Cygni, estrella triple
2) Zeta Lyrae
3) Mizar A y B, en la Osa Mayor
4) 17 y 16 Draconis
5) Epsilon Bootis, Izar
6) Gamma Lyrae
7) Epsilón Lyrae, la Doble-doble